13 años de “No rompas más”, de Coyote Dax

Muy de cuando en cuando surgen obras que desafían todos los cánones de la época en que han sido concebidas y son llamadas a marcar la suya propia. La calificación de “obra maestra” solo puede otorgarse desde la perspectiva que da el tiempo, razón por la cual creemos que ha llegado el momento de rendir homenaje a una pieza única de nuestros días: “No rompas más”, la mítica canción de Coyote Dax.

No estamos de broma, ni se nos han ido los pies del tiesto al tratar un tema que, claramente, queda fuera del espectro del Rock. Ni siquiera hemos podido esperar a 2014 para celebrar ese número mágico, el 13, los 13 años desde la publicación de la que, estamos total y plenamente convencidos, es LA PUTA PEOR CANCIÓN DE LA HISTORIA.

Y no lo decimos en base a manías o fobias personales. Es más, consideramos que, entre la avalancha de despropósitos musicales que nos invaden año tras año, es realmente difícil conseguir algo tan aborrecible que acabe destacando sobre lo demás. De ahí lo de obra maestra.

Coyote Dax bajándose la fiebre.

Así pues, con el fin de demostrar científicamente nuestro veredicto, hemos dejado fuera cualquier planteamiento subjetivo para diseccionar el tema y analizar cada uno de los elementos que debe cumplir una canción para ganarse este honor.

 

1. ORIGINALIDAD

Tenemos que remontarnos a 1991, año en que un tal Don Von Tress compuso una canción country titulada “Don’t Tell My Heart”, para ser grabada más tarde por el trío The Marcy Brothers. Dicho grupo llegó a grabar en toda su carrera una totalidad de dos discos, de los cuales, eso sí, extrajeron hasta siete sencillos. Ninguno de ellos fue “Don’t Tell My Heart”, lo cual no dice mucho de la susodicha canción.

Al año siguiente, un joven cantante de country hizo su propia versión, que tituló “Achy Breaky Heart”, y la catapultó a la fama. Pero la fama no siempre es sinónimo de calidad. Ojo al dato: este tema fue votado por los lectores de Rolling Stone nada menos que como la tercera peor canción de los noventa. Por cierto, el cantante del que hablamos responde al nombre de Billy Ray Cyrus. ¿Os suena el apellido? Efectivamente, es el padre de Miley Cyrus. Un artista, el hombre; una auténtica máquina de engendrar monstruos musicales en todos los sentidos.

Discografía de Coyote Dax. La evolución de las portadas no es sino un fiel reflejo de la constante actitud de cambio del artista, siempre explorando nuevos terrenos en lo musical.

Llegado este punto, nos preguntamos: ¿es posible empeorar lo peor? Y la respuesta nos lleva a los inicios artísticos de Dax Alejandro La Rosa (1972 – ¡¡¿?!!), apodado por sus amigos como Coyote Dax: un mexicano que intentaba ganarse la vida en Estados Unidos como cantante country. Nadie le hacía caso y el mundo funcionaba más o menos bien, hasta que en 2001 llegó la discográfica española Vale Music (perpetradora de otros crímenes contra la humanidad como producir a Chenoa, María Isabel o Juan Magán) y le ofreció grabar su primer disco, que llevaría el título de “Me vale” (en clara alusión a su insaciable inquietud creativa) y del que se extrajo su primer single “No rompas más”, versión a su vez de aquella “Achy Breaky Heart”, que Coyote adaptó y tradujo como le salió de libremente.

Y a partir de ahí, el mito. Tomar una canción horrible y bajarla a un nivel todavía más abyecto es algo que solo está al alcance de unos pocos elegidos. A tus pies, man.

 

2. LETRA

Sobra cualquier comentario.

 

3. DIRECCIÓN ARTÍSTICA

Nada que objetar. Puede gustar más o menos, pero no tenemos nada en contra de la estética country. Ni de la gente que lleva un sombrero de paja en la bandeja del coche y lo saca en las fiestas por si suena esta canción, como mi cuñado. Nada, en serio, aquí respetamos todo, hijos de puta.

La chaqueta es hortera, pero cumple su función: que no te fijes en que lleva el cinturón al revés.

 

4. POPULARIDAD

El cansinismo.

Un requisito indispensable es que la canción haya sido machacada en radio fórmulas y guateques infectos hasta la saciedad y veinte pueblos más allá, y en este punto es donde “No rompas más” gana muchos enteros. Fue canción del verano, banda sonora oficiosa de Gran Hermano y no hay verbena de pueblo, boda o baile de colegio que se precie en la que no suene al menos una vez.

Si una canción es tan repetida, significa que goza de una gran aceptación popular, lo que no hace sino avivar el odio de quienes no la soportan, que no comprenden en absoluto la emoción que puede producir semejante aborto sonoro en sus semejantes.

En ocasiones, esa emoción se aprecia de manera totalmente visible. Nos referimos a que el tema en cuestión tenga su propio baile, lo que nos traslada al punto que es con diferencia el más importante de todos.

Gente bailando el “No rompas más” y un grupo de mineros camino del tajo. Distintas situaciones, misma diversión.

4. EL BAILE

Para que una canción acabe siendo realmente odiosa, tiene que contar con un baile que esté a la altura. Desde la Macarena hasta el Gangnam Style, pasando por el Aserejé, la competencia en coreografías imbéciles es muy dura, pero podríamos decir que todas ellas son maravillosas si las comparamos con ésta que nos toca.

Aquí, Coyote lo vuelve a hacer. El llamado “baile en línea” tampoco es una invención suya, sino una adaptación del que popularizó Billy Ray Cyrus. Eso sí, si lo de “Achy Breaky Heart”  era una danza más o menos rítmica y alegre, Coyote se encarga de ralentizarla y convertirla en algo totalmente ortopédico. No hay más que ver los dos vídeos para comparar.


Vídeo. Billy Ray Cyrus – Achy Breaky Heart


Vídeo. Coyote Dax – No rompas más

El efecto que ejerce esta canción sobre el comportamiento de las personas es digno de estudio. La situación es siempre igual: te encuentras con un grupo de amigos disfrutando de la fiesta, cuando comienza a sonar la voz de Coyote… De repente las personas que te rodeaban pasan a colocarse en formación, a la espera de los primeros acordes que marcan el inicio de algo que a lo que ni siquiera se puede llamar baile. En ese momento ya no son tus amigos, sino zombis programados para completar una serie de movimientos mecánicos: unos pasos hacia delante, unos pasos hacia detrás y otros a los lados. Poco más. No parece ser algo para pasarlo bien, sino una tarea que haya que llevar a cabo por obligación.

La clave de cualquier coreografía es la actitud que proyectamos con nuestros movimientos. En el baile de “No rompas más”, es muy importante que estemos siempre mirando al suelo o, en su defecto, al compañero que más controla. Solo así podremos transmitir en todo momento esa expresión de “a ver, cómo coño iba esto…”.

Por otro lado, tal debe ser la complejidad de los movimientos, que al cabo de trece años todavía nadie parece dominar la coreografía a la perfección. Nadie disfruta realmente. Nadie, salvo tu amigo “el Dani”, eterno pagafantas que se infiltra entre el grupo de las chicas para tratar de aprender el baile de una vez por todas y/o ganarse la simpatía de ellas con su entrañable torpeza. No nos estamos inventando nada de esto. De hecho, entre los comentarios del video de “No rompas más” en Youtube, hemos localizado un ejemplar del espécimen que acabamos de describir.

Enlace al comentario

 

5. VIDEOCLIP

Ya lo hemos visto. No es lo peor, pero tampoco tiene desperdicio. Un croma de andar por casa y un grupo de personas de lo más variopinto bailando sobre un cadalso que hace las veces de parada de autobús.

Lo que más llama la atención es el poder de convocatoria de Coyote, pues estando en mitad del desierto, no cesa de llegar gente para unirse a la fiesta. No dejéis de observar la incontenible felicidad en la cara de todos ellos. Que al final, baila que te baila, hasta se les hace de noche y todo, oye.


—No nos quedan más sombreros, Coyote, pero tenemos por ahí un par de disfraces de monja y uno de cura que están cogiendo polvo.
—”Me vale”.

 

CONCLUSIÓN

Hasta aquí llega nuestra breve expedición por las cloacas de la pachanga. Nos hemos ceñido únicamente a evidencias probadas para realizar el análisis, aunque bien es cierto que toda teoría científica es susceptible de ser reemplazada por otra más exacta. Ésta es nuestra puta peor canción de todos los tiempos. ¿Cuál es la tuya?

 

Investigación y texto: Templeton Peich
Ilustración: Andrés Miguel

 

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