Camarón: La Leyenda del Tiempo (Review)

Hoy, 2 de Julio de 2012, se cumplen 20 años del fallecimiento de José Monge Cruz, Camarón de la Isla, por un cáncer de pulmón. Con motivo del aniversario, hemos decidido rendir tributo al artista reseñando un disco algo alejado de la editorial de El Lado Oscuro de la Luna, su obra cumbre: La Leyenda del Tiempo.

Nota: 9/10

Polygram Records

Este disco de 1979 es sin duda uno de los discos más importantes grabados en la lengua de Cervantes. Admito que no soy el mayor aficionado al Flamenco que hay (algo he escuchado aparte de éste disco), pero hay que reconocer el trabajo que lleva detrás. En su día fue tachado de blasfemia, de no ser Flamenco. Y en parte es verdad. Como toda ruptura, cuesta mucho de asimilar. Al combo tradicional de voz, guitarra española, palmas y cajas para poner el punto de percusión, se añadieron elementos como teclados y piano, bajo eléctrico, guitarra eléctrica, flautas, o incluso el sitar, instrumento de origen indio muy ligado a la Psicodelia, además de letras basadas en poemas de Federico García Lorca, dándole todavía más identidad andaluza. ¿Los autores de la criatura? Camarón por un lado, Tomatito siendo el guitarrista principal en lugar de Paco de Lucía, Kiko Veneno ayudando también en la composición, y Sergio Pachón tras los controles y algunos temas, dándole una producción exquisita, aparte de Alameda como banda de acompañamiento.

La Leyenda del Tiempo abre con la canción homónima. Un ritmo a medio camino entre el Jazz y el Rock, mezclado con Flamenco y Bulería. Al cante jondo y las palmas, la idiosincrasia andaluza, se le añaden teclados moog (soy muy fan de estas cosas) y bajo eléctrico. Un tema de fusión, de ruptura. Una grandísima canción, con aires a Rock Progresivo a veces. Romance del Amargo abre con ritmos aflamencados, punteos de guitarra española que conforman lo principal del tema, y la voz de Camarón en lamento continuo. Homenaje a Federico es otro tema de estructura progresiva, a su manera. Los dedos de Tomatito y Raimundo Amador siguen los asombrosos altos en la voz, con sucesiones de acordes sutiles, y con el atrevimiento, para desgracia de los inmovilistas, de introducir una línea de batería para cerrar, aparte de ese sabor a Jazz Latino a lo Al Di Meola. Mi Niña Se Fue a la Mar es más aflamencada, vigorosa, con nervio, mucho colorido en las guitarras. La Tarara es más pausada, en el fondo más Rockera, recordando a los grandísimos Triana (autores del que para mí es el mejor disco en castellano, El Patio), y el solo con aires jazzeros, uno de los puntos de inspiración más altos del disco, la intromisión de teclados… genial, grandísimo tema.

Volando Voy retoma la velocidad y el sabor más flamenco, pero metiendo flauta y un poco de guitarra eléctrica al final. De nuevo la fusión de elementos aporta riqueza al magnífico entramado de sonidos, un tema lleno de vitalidad y positivismo. Bahía de Cádiz es un tema más movido, incluyendo pausas y cambios de intensidad. La apertura de Viejo Mundo, ese riff tan intenso, el zapateado marcando el ritmo, con aroma a bulería y algo más tradicional, pero de lo más destacable del álbum. Tangos de la Sultana, como su propio nombre indica, un regustillo a Tango bastante notable y guitarras que dibujan acordes llenos de sentimiento. Reconozco que no es de mis favoritas, pero vaya, hablamos de un clásico de nuestra música, especialmente del pueblo andaluz. Para cerrar, la sobrecogedora Nana del Caballo Grande. ¿A alguien le suena Tomorrow Never Knows, aquel monumental tema que cerraba el Revolver de The Beatles (para mí su mejor trabajo)? Pues si no es un guiño, a mí me recuerda mucho. Sitar, atmósfera hindú, recargada y psicodélica, donde las voces casi pasan a un segundo plano dentro del ambiente pesado y lisérgico. Una manera genial de cerrar un grandísimo disco.

Comparado a menudo con el Sgt. Pepper´s de The Beatles, desde luego es un trabajo de ruptura, importante en nuestra música y de nuevo un mensaje a todos aquellos que piensan que no se hace buena música en nuestras fronteras. Clásico imperecedero.

Texto: Pablo García

Imagen: Andrés Miguel

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