Control, de Anton Corbijn (Review)

CONTROL
Anton Corbijn, Estados Unidos
Coproducción GB-USA, 2007
(121 minutos)
8
/10

 

Comienza este film de Anton Corbijn con un plano fijo donde vemos a Ian Curtis, protagonista absoluto  de la obra, reflexionando sobre la vida, acerca de lo duro y difícil que es a veces enfrentarse a la existencia, a lo tremendo que es para algunos atravesar este “valle de lágrimas” tratando de buscar y entender en él sus secretos, su belleza, sus misterios, su dolor, sus contradicciones… Y es que, en esencia, de eso habla Control, película que al margen de ser un biopic sobre la figura de Curtis, se centra en la terrible tortura que sufren algunas personas al intentar encajar en un mundo que no está hecho a su medida y en el que se encuentran desesperadamente perdidos y desubicados.

Alguien podría decir que Control no trata sólo el tema de un alma atormentada y tendría razón, sin duda alguna. Porque la película aborda también la gestación de un mito y de como la sociedad, nosotros, a fin de cuentas, en nuestro absoluto egoísmo y con ansia por elevar a los altares a figuras icónicas, sin importarnos ni un ápice sus vidas, sus intereses o incluso sus sentimientos, devoramos sus obras artísticas, pedimos y exigimos más, adorando a la vez que exprimiendo a esos seres a los que despojamos de toda humanidad para convertirlos, en nuestras mentes de fans enfervorizados, en casi superhombres. Pero lo cierto es que esos “héroes” no son más que humanos, llenos de anhelos, deseos, debilidades y defectos, como cualquiera de nosotros y si no poseen la suficiente fortaleza (mental, física, emocional, …) muchos de ellos acabarán sucumbiendo a su propio éxito (me acuerdo de Jim Morrisson o de Jimi Hendrix) o derrotados por sus propias flaquezas y terrores existenciales (en este caso las figuras de Kurt Cobain y de Ian Curtis se puede decir que siguieron caminos escabrosamente paralelos).

Así la película nos cuenta como un Ian Curtis prácticamente adolescente, “bicho raro” ya entonces (lo que ahora llamaríamos un friki de tomo y lomo) y empapándose de la explosión musical de los años 70 en las islas británicas (Sex Pistols, David Bowie, …), va a convertirse, casi sin querer en el cantante y líder de una de las bandas más importantes e influyentes de la historia de la música. Obviamente estoy hablando de Joy Division. De esta manera se nos narra el encuentro entre los miembros de la banda (el propio Curtis, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris) sus primeros conciertos en clubs de su Gran Manchester natal y sus primeros contactos con figuras importantísimas para el futuro y desarrollo de la banda, como por ejemplo, el periodista televisivo Tony Wilson, a la postre creador del sello discográfico Factory Records que lanzaría los discos de la banda o su manager, y personaje clave en la película, Rob Gretton.

La película discurre narrándonos la trayectoria de Joy Division, de forma que podemos observar  como poco a poco el grupo va ganando en trascendencia a nivel nacional e internacional, por lo que el film ya posee un incalculable valor únicamente por su aspecto documental recreando la carrera del grupo de Manchester. Pero es que a la par nos va descubriendo los vericuetos personales, los abismos en los que va cayendo su líder mediante su relación con su esposa, Debbie Curtis (por cierto, autora del libro en el que se basa la peli) y con su amante y musa,  la belga Annik Honoré. De tal manera que vamos siendo espectadores del sufrimiento vital por el que Ian Curtis va discurriendo: su padecimiento físico al estar aquejado de  ataques epilépticos y, lo que es incluso peor, como trata de amoldarse a una vida común cuando su propio ser es incapaz de ajustarse a normas y convencionalismos, lo que le provoca una absoluta infelicidad e insatisfacción. Y es que todos nos sentiríamos rechazados por la vida si ésta no nos comprendiese y nosotros fuésemos incapaces de entenderla a ella. Asistimos pues a la caída a los infiernos de Ian Curtis, el cual probablemente era un genio que trataba de buscar respuestas a la vida en su música, esa música oscura, llena de misterio y de letras lúgubres, que conquistó y aún conquista a millones de fans.

Control plasma toda esa lucha, todo ese padecimiento de Curtis a través de un brillántisimo e impecable blanco y negro que plasma perfectamente el espíritu de la Inglaterra de los años 70 y, sobre todo, el alma atormentada del líder de Joy Division, un Ian Curtis interpretado sobresalientemente por el cantante y actor Sam Riley (el cual también dio vida al líder de The Fall en otra magnífica película de temática musical manchesteriana como es “24 Hour Party People” de Michael Winterbottom de 2002) y que mimetiza, rayando la perfección, los movimientos espasmódicos que el cantante de Joy Division utilizaba a la hora de interpretar sus temas en directo. Sobra decir que en esta recreación de los caminos paralelos de la banda británica y de su líder destaca sobremanera una alucinante banda sonora con todos sus hits, ya en directo o en versión disco, incluidos en momentos precisos de la narración.

 


Vídeo. Trailer de Control (Subtitulado en castellano)

 

En definitiva, recomendamos Control a todos aquellos amantes de la música interesados en saber algo más sobre la creación de uno de los grupos más influyentes de la historia y de igual manera la aconsejamos cinematográficamente como retrato terrible del tormento de un hombre, de una leyenda , enfrentándose a su propia existencia.

 

Texto: David Marteles (http://dioscocobufa.blogia.com)
Ilustración: Andrés Miguel 

 

Escucha la BSO de “Control” en Spotify:

2 thoughts on “Control, de Anton Corbijn (Review)

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