Pink Floyd: The Dark Side of the Moon (Review)

PINK FLOYD, The Dark Side of the Moon
Harvest/Capitol Records, 1973
10/10

 

Hoy, 24 de marzo de 2013, se cumplen 40 años de la edición en el Reino Unido del legendario álbum The Dark Side of the Moon, de la legendaria banda británica de Rock Progresivo y Psicodélico PINK FLOYD, y el octavo en su catálogo. No solo tratamos con uno de los mejores discos de la historia del Rock, sino también con el trabajo que da nombre a esta página web desde sus humildes orígenes como blog, así que os podéis imaginar la estima que le tenemos. Ya hablando por mí, que no tengo nada que ver con el nombre, he de admitir que además se trata de una de mis obras predilectas.

Si bien la banda ya era famosa, gracias a discos como Meddle (1971), este disco fue el que rompió con cualquier expectativa de ventas. La criaturita ha despachado en estos cuarenta años más de 50 millones de copias en todo el mundo. Pese a que contiene temas más cortos que sus predecesores o que otros grandes discos de la banda, la complejidad y experimentación no cesa en absoluto, además del denso trabajo conceptual, hablando del paso del tiempo, la enfermedad, el deterioro mental y la corrupción del individuo, notablemente inspirados en el ex miembro Syd Barrett, expulsado del grupo en sus orígenes por su esquizofrenia derivada del abuso de sustancias.

Todo está calculado de forma magistral, Speak to Me, ambiental, con cajas registradoras, un metrónomo imitando los latidos del corazón humano, cortesía del batería Nick Mason, voces…  enlazando con Breathe (en mi copia, de hecho, aparecen como única pista), que es propiamente la primera canción del disco. Con atmósferas psicodélicas,  y la maravillosa voz de Gilmour relatando el viaje espacial, acompañado por el resto de la banda y destacando el trabajo del teclista Richard Wright al hammond, cuyos loops te llevan de la mano hasta sumergirte de lleno en lo que significa el álbum. On The Run, con un riff principal de sintetizador y con voces, pisadas y demás sonidos de fondo, todo dominado por los diferentes timbres del sintetizador, que lleva tanto el ritmo como la melodía.

Aunque el disco debe ser analizado como un conjunto por su conceptualidad, se permite algunos hits memorables. Uno de ellos es Time, una de mis canciones favoritas, en general. El sonido de alarmas y relojes, los cuidados golpes de batería, las largas notas de guitarra… hasta que entra Gilmour a la voz. Tan única, tan personal, tan suya…  y luego tenemos los memorables versos (espectacular ese “Sun is the same in a relative way, but you are older. Shorter of breath, one day closer to death“, con el registro más crudo de PINK FLOYD) o la sucesión de bends del minuto 3:30, uno de los puntos de mayor inspiración del disco. el final retoma Breathe cambiando la letra, a modo de coda. The Great Gig in the Sky no tiene letra, obviando las partes habladas. Un suave inicio a piano antes del derroche vocal de la cantante Clare Torry, llegando a notas altísimas y difíciles de alcanzar.

La cara B comienza con Money, con un riff de bajo que demuestra que Roger Waters, además de ser el motor conceptual del grupo y uno de los mejores letristas de la historia, tiene un oído melódico soberbio para con su bajo. El sonido de las transacciones, de cajas registradoras, no hacen más que brindarle apoyo conceptual. El tema se apoya en los cambios de ritmo para darle dinamismo, toques incluso Funk o Blues, aparte del solo saxo tenor a mitad del tema, como predecesor del de guitarra. Us and Them combina hábilmente armonía propia del jazz, incluyendo el par de solos de saxofón, aparte de sensibilidades propias del Rock o el Pop, con un desarrollo melódico totalmente sensacional, sobre todo por los cambios de intensidad (ese crescendo del estribillo…) apoyado por los robustos coros y el piano, exquisito y elegante. Un tema de puro Rock Progresivo.

Encaramos la recta final del disco con la instrumental Any Colour You Like, un corte dominado enteramente por el sintetizador, creando paisajes sonoros totalmente alucinantes, con una armonía bastante trabajada, y enlazando con Brain Damage, esta vez cantada, estupendamente, por Waters, que sin ser tan buen vocalista como Gilmour se muestra muy solvente. No es un tema que mucha gente destaque, sin embargo es de mis dos favoritas del disco, sin duda. Con un comienzo totalmente hipnótico, melodía arpegiada y tempo relajado, los coros en el impresionante “estribillo” le confieren un aura especial, con el clímax del “I’ll see you on the dark side of the moon” como momento estelar. De nuevo enlaza con la siguiente, una Eclipse en crescendo, magnífica, donde Waters repite como voz principal, finalizando con un fade out en el cual, se puede escuchar la conclusión final del disco: “There’s no dark side of the moon erally. Matter of fact, it’s all dark“.

 

 
Vídeo. Pink Floyd, Money (The Dark Side of the Moon, 1973) – Lyrics on screen

 

Toda palabra se queda corta describiendo este disco. No es un disco de 10, realmente, sino de 11 si cabe. Maravilloso, emotivo, solo ellos mismos podrían igualarlo con Wish You Were Here (1975), pero esto es insuperable. La producción, maravillosa gracias al trabajo del genial Alan Parsons en los Abbey Road estudios de Londres, engrandece todavía más la música contenida. No podría ponerle ni una pega ni aun rebuscando. Un disco legendario cuyo recuerdo vive a la altura de su icónica portada.

Texto: Pablo García
Ilustración: Andrés Miguel

 

La discografía de PINK FLOYD no está disponible en Spotify. Puedes escuchar el álbum completo a continuación, en Youtube:


Pink Floyd, The Dark Side of the Moon (Full Album)

2 thoughts on “Pink Floyd: The Dark Side of the Moon (Review)

  1. Gracias por la magnífica review, Pablo. Hace poco más de un año que me dejaron este disco. Nunca en mi vida había escuchado Pink Floyd.

    Yo era, como ahora, muy joven e inexperto musicalmente hablando. La primera escucha fue extraña, era un disco distinto a todo lo que había escuchado. Fue quizás a la segunda o a la tercera cuando empecé a comprender el álbum y su profundidad.

    Creo recordar que más o menos al mismo tiempo estaba leyendo Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley. Quizás la conjunción de libro y álbum fue lo que consiguió que ambos me llegasen de manera muy especial. Me cambiaron. Es humanidad en estado puro, es arte.

    Sin duda, son de las cosas que me hacen más orgulloso de haber nacido en el siglo XX y no cinco años más tarde.

  2. Joder, que suerte tenéis de tener (valga la redundancia) a este chico entre vosotros. A mí se me escapó de las manos por pocos meses y cuando leo cosas así en vuestra web me arrepiento.

    El magistral trabajo de Pablo es digno del discazo del que habla, una puta maravilla. Es dificil definir con palabras un trabajo que estimula tanto de una manera sensorial, pero vamos, yo creo que todos estamos de acuerdo en que es una obra maestra.

    Un saludo, y siento no leeros tanto como debería, pero siempre es agradable entrar a ver que se cuece por azar y enterarme primero; de que es el aniversario, y segundo leer semejante texto.

    BRAVO.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


− 1 = siete