Robert Plant & the Band Of Joy: Live From The Artists Den (DVD) (Review)

Robert Plant

ROBERT PLANT & THE BAND OF JOY, Live From The Artists Den
Universal, 2012
7/10

 

Cualquier cosa que haga Robert Plant merece por lo menos una escucha. Crédito se ha ganado de sobra, tanto liderando a Led Zeppelin como en solitario. Su última aventura ha sido juntar a Band of Joy, la banda que tenía antes de lanzarse a conquistar el mundo con Jimmy Page, y publicar con ellos un álbum de versiones en 2010, que le nominen a un Grammy por ello, y girar presentándolo. De esta gira se ha publicado este DVD, Robert Plant & the Band Of Joy: Live From The Artists Den, grabado en el Memorial Auditorium de Nashville, Tennessee, el 9 de febrero de 2011.

El concierto se inicia relajado, y los acordes te quieren sonar. Pero no es hasta que Plant, acompañado de su corista, entona Black Dog cuando pegas un brinco en el sillón. Y es que oírle cantar eso de “Hey, hey mama said the way you move, gon’ make you sweat, gon’ make you groove” a la voz de Led Zeppelin hace que te subo un escalofrío por la espalda reservado sólo a los grandes. La siguiente en sonar es la magnífica Angel Dance, de Los Lobos, que ya conocíamos como adelanto del DVD. El concierto se empieza a calentar con otra mirada al pasado del cantante, House of the Holy, que hace que la banda comience a sonar cada vez más ledzeppeliana. Plant se gusta, y de manejar audiencias sabe un rato. A pesar de su edad se marca bailes al son de la música, e incluso les cede el protagonismo a sus compañeros. Pero él es el absoluto protagonista, con su dorada melena de león sobre los hombros, sin disimular esas arrugas que le aportan un grado de ventaja. House of the Cards y Cindy, I’ll Marry You Someday suenan muy bien, con el cantante disfrutando en el escenario, sin parar de regalar sonrisas al público. Verle gozar de esa manera después de 50 años de carrera es una de las mejores lecciones de este DVD: nunca se es viejo para el rock. Tras una relajada Satan Your Kingdom Must Come Down, Plant se da el gustazo de citar al guitarrista de su derecha, Buddy Miller, como una de sus influencias y le cede el testigo en su canción Somewhere Trouble Don’t Go, que da aire a nuestro protagonista, que le acompaña desde la retaguardia a los coros y con la harmónica. Y también al concierto, animándolo a ritmo de country y rock n’ roll. Tras esta concesión, el público reclama al rubio frontman, y este responde con una más reconocible Tangerine, de su antigua banda. Plant ha adaptado sus canciones y las de Led Zepp al estilo que han adaptado para Band of Joy. Más íntimo (los años de energía desbocada quedan atrás), pero muy estimulante. Vuelve a ceder el micro, de nuevo a un guitarrista de la Band of Joy, Darrell Scott (que también aporta el banjo y la mandolina), para A Satisfied Mind, y a su corista Patty Griffin, con su acústica colgada, en la funky Move Up. Generoso guiño a sus compañeros, pero innecesario para el DVD, pues es la cara de Plant la que lo vende. Con Down to the Sea regresa a primera línea, y la energía vuelve al escenario. Hay momentos que ni distingues sus arrugas, y sólo disfrutas. Más LZ, con Ramble On y Gallows Pole, sitar incluido, que es donde el público se anima más. Los bises son de cátedra, con una fantástica In The Mood, y la inmortal Rock N’ Roll soberbia. Se despiden con una versión góspel de I Bid You Goodnight, de Grateful Dead, en el que todos los cantantes tienen su parte vocal protagonista, y que termina fundiéndose con los aplausos del público.


Vídeo. Robert Plant and Band of Joy, Angel Dance. Live From The Artists Den

Que Robert Plant crea tanto en este proyecto merece el mayor de los respetos. Es el único de los tres miembros originales vivos de Led Zeppelin que se niega a la millonaria y multitudinaria reunión de una de las bandas más grandes de la historia. Y esto no se debe a rencillas, malos rollos o vendettas. Sino a que el rubio cantante cree de forma honesta que esto, comoa ntes su proyecto con Alison Strauss, es lo que debe aportar a la música contemporánea. Como si no hubiera dado ya bastante.

 

Texto: Tomás Catalán (@t_catalan)
Ilustración: Andrés Miguel

 

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