Testament: Dark Roots of Earth (Review)

Testament

Nuclear Blast, 2012

Nota: 7,75/10

Los thrashers norteamericanos Testament vuelven a la carga con su décimo disco de estudio, el segundo tras su vuelta a la escena tras la enfermedad el vocalista Chuck Billy, 4 años después del sólido regreso que supuso The Formation of Damnation.

Dark Roots of Earth  está al nivel de su predecesor, las distancias son mínimas. La banda avisó mucho antes de la salida del disco (ha tenido bastantes retrasos) que no iban a tener temas “tan Thrash”, lo cual hizo saltar alguna alarma entre los más puristas. Con esto digo a que hay muchos guiños a la etapa 89-92 del grupo, cuando coquetearon con tesituras más melódicas y estructuras más cercanas al Heavy clásico. Se trata de un disco con bastantes medios tempos y cosas melódicas, pero Testament siempre han tenido de eso, a los que sigan regularmente la banda no les descubro nada.

Rise Up sirve como primera toma de contacto. Los afilados riffs de Skolnick y Peterson, las variaciones de tempo aunque el tema arranque con sensación de velocidad, el doble bombo de la nueva incorporación, el reputado Gene Hoglan, el bajo de Christian y la rota voz de Chuck Billy… es Testament, sin duda. Uno de los mejores cortes del disco, desquiciante pero pegadiza, con acercamientos guturales y un solo tremendo. Alex Skolnick es uno de los mejores guitarristas del Metal y finalmente puede explotar su habilidad en los solos, que son lo mejor del disco de lejos. Native Blood es otro homenaje a las raíces de Chuck Billy, nativo americano, aparte de un cañonazo de canción. Más técnica, podría caber en The New Order perfectamente (salvando las distancias con el clásico de la banda). Billy escupe con fuerza sobre el micro, una de las mejores actuaciones vocales del plástico. Rítmica y con pegada, con algunos blast beats y un manejo de los platos espectacular por parte de Hoglan (con Lombardo el mejor batería en lo suyo, sin duda).

El tema homónimo levanta el pie del acelerador. Con una intro medio eléctrica medio acústica, rítmica, con algo de densidad, de malicia, voces más cuidadas y limpias. Solo para encumbrar, pero la verdad es que, sin ser un mal tema, los hay mejores a lo largo del disco. Quizás demasiado larga, casi 6 minutos, para lo que ofrece. True American Hate fue el adelanto del disco y permanece como uno de los temas destacados. Podría caber en su anterior disco perfectamente. Intro melódica para introducirnos un riff que hará sufrir nuestros cuellos. El ritmo vocal de las primeras líneas de Billy me recuerda bastante all inicio de Arise de Sepultura (una de mis canciones de Thrash favoritas), aunque luego toma un tono más de himno, con un estribillo efectivo y coreable. Los blast beats marca registrada Hoglan son de agradecer, dado el talento bestial del batería. Otro solo de Skolnick y cerramos una canción que, espero, perdure en sus directos. A Day in Death, por desgracia, reduce un poco el nivel. De nuevo os digo que no me parece una mala canción, pero comparando el avasallador inicio, no es tan buena. A destacar la intro de bajo, con nervio y personalidad, y detalles rítmicos esparcidos a lo largo de la canción, a la que creo que una marcha más le habría sentado de perlas. ¿Hace falta que os diga que los solos son buenos no, lo siguiente? El cierre también es muy bueno.

Cold Embrace es el tema más flojo del disco, sin tapujos. Una especie de balada que no termina de arrancar, con un Billy melódico y comedido que no termina de encontrarse a sí mismo, y encima con la duración injustificada de casi 8 minutos (hasta la segunda mitad no se pone interesante). La variedad se agradece, pero el resultado podría haber sido mejor. Man Kills Mankind tiene un problema grave, y es que el estribillo es muy machacón y cansino, la canción tiene algunos riffs interesantes pero el estribillo me ha parecido muy pobre. Empieza bien, y no es una mala canción, pero el estribillo realmente le resta enteros. Opinión personal, por supuesto. Throne of Thorns es otra de esas canciones que se alejan del estilo más Thrash de la banda, pero esta vez con un gran resultado. 7 minutos en su versión normal, moviéndonos en tonos más heavies, pausados y melódicos, con unos solos que harían palidecer a muchos llamados virtuosos. Variada, mutable y de calidad, la letra me parece además bastante buena. Cerramos la edición normal del trabajo con Last Stand for Independence. Retomamos la agresión y la tralla: el tema más veloz del disco, cortante, mucha pegada rítmica y el dúo de guitarras compenetrado como ellos saben. Bien está lo que bien acaba. 51 minutos que si bien a veces se hacen un poco largos, el resultado cunde mucho.

 

 

La edición Deluxe del disco trae 4 canciones adicionales: versiones de Dragon Attack (Queen), Animal Magnetism (Scorpions) y Powerslave (Iron Maiden) y una versión alargada de Throne of Thorns. Muy recomendable también.

Si no se lleva el notable alto es por dos razones sencillas: a veces baja un poco el nivel, y el trono del disco de Thrash del año pertenece todavía a The Electric Age de Overkill. Aun así, otro discazo a su ya extenso catálogo, de una de las bandas que, sin tener el nombre de Metallica, Slayer o Megadeth, mayor regularidad presenta. Y que así sigan.

 

Texto: Pablo García

Ilustración: Andrés Miguel

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