Triptykon: Melana Chasmata (Crítica de discos)

TRIPTYKON: Melana Chasmata

Century Media / Prowling Death Records, 2014

8,5/10

 

No exagero ni miento si digo que Melana Chasmata es, con toda seguridad, uno de los lanzamientos de Metal extremo más esperados en mucho tiempo. Razones no le faltan: un debut sólido como fue Eparistera Daimones (2010) como predecesor, un puñado de músicos donde sobresale, como es inevitable, el nombre del legendario Tom Warrior (HELLHAMMER, CELTIC FROST) y un abanico de estilos jugoso para cualquiera que deguste del mejor Metal Extremo. La espera ha terminado, y ha merecido la pena.

Las comparaciones son odiosas, y sí, siempre se va a mirar a TRIPTYKON como la continuación del legado fantástico que nos dejaron los suizos CELTIC FROST a lo largo de su carrera. Y tal y como era imposible escuchar Eparistera Daimones sin pensar en su predecesor espiritual, esa losa en forma de Doom Metal que sorprendió a propios y extraños titulada Monotheist (2006), aquí tampoco podemos evitar pensar en CELTIC FROST… por momentos. Porque sí, hay paralelismos, pero no olvidemos que TRIPTYKON son 4 músicos y es un proyecto independiente de muchos quilates. Seguimos teniendo en nuestras manos un disco de Doom Metal en su vertiente más pesada y retorcida, pero también riffs más rápidos y mayores concesiones al Thrash y al Black que en el debut de la banda. ¿Ecos de uno de los mejores discos, y no tengo duda alguna, de la historia del Metal, como lo es To Mega Therion (1985)? Unos cuantos. ¿Se resiente por ello la personalidad de Melana Chasmata? En absoluto. De hecho, en esa personalidad fiera y ese abanico cromático de tonalidades oscuras es lo que le da ese encanto a uno de mis discos favoritos de año. Vamos a ello.

El disco abre con Tree of Suffocating Souls, donde riffs gruesos y pantanosos, sostenidos por el esqueleto rítmico, nos dan la bienvenida. Distorsión a cascoporro, algunos cambios de ritmo, y Tom Warrior vociferando tras lo muros de guitarras, bajo y batería. Cuenta con un estribillo realmente brillante y conseguido, rara avis en estos estilos, con un juego vocal que sigue el patrón pregunta-respuesta, con Warrior y el guitarrista V. Santura alternando entre registros cavernoso y totalmente gutural. No hay espacio para el respiro, artesanía doomie de alta gama por uno de los riffmaster extremos por excelencia, con alguna acústica de por medio y solos devastadores, todo en casi 8 minutos de bendita tortura. Solidísimo tema para abrir boca, de lo mejor del disco. Boleskine House no contiene arrancadas de velocidad, pero tampoco las necesita. Tema que, a pesar de no avasallar tan de primeras, logra crear sobre tenues guitarras y pesados ritmos de batería una atmósfera tensa, casi ritualística. Voces de ultratumba, masculinas y femeninas (Simone Vollenweider, que ya colaboró en el anterior y Monotheist), acompañan esta sensación, con puntuales estallidos de furia Doom con la participación vocal de un Santura en una forma de escándalo.

Altar of Deceit continúa los patrones marcados por el Doom más burro, en un tema estilísticamente muy similar a lo que ya vimos en Eparistera Daimones. Momentos con riffs gruesos, atmósferas más calmadas, otro estribillo resultón, y un tempo en general lento, sin acelerones, lo cual no implica que la potencia decaiga. Hará las delicias de los seguidores del género. Breathing fue el tema elegido como adelanto del disco, un híbrido entre riffs Doom y musculosos dobles bombos thrashers con riffs más veloces, pero igual de densos. Encomiable trabajo rítmico en un tema exigente, por sus cambios de ritmo, lleno de matices, todo envuelto bajo una atmósfera que roza el Black Metal más añejo. Tremendísima canción, con un final apoteósico que de nuevo bebe mucho del Thrash. Aurorae introduce elementos algo más góticos en las texturas, siempre bajo el filtro característico de estos últimos discos de Tom Warrior. Quitando algunas voces habladas en la segunda mitad del corte, se trata de una pieza prácticamente instrumental, ubicada justo a mitad de disco para aportar lo más parecido a un descanso que nos podemos encontrar en el plástico. Ojo al magnífico solo de guitarra, una lección de feeling.

En una dirección ligeramente más experimental, Demon Pact alterna tanto tesituras macabras, ritmos tremendamente bien escogidos que le confieren un aura amenazadora, como con asaltos de Doom Metal y murallas de distorsión que aplastarán tu cráneo lenta y dolorosamente. Una canción ligeramente distinta a la media, donde la atmósfera, muy conseguida, parece primar sobre los momentos más metálicos. Otra de mis favoritas del plástico, contando esta vez con la colaboración del guitarrista Arioch (SECRETS OF THE MOON). La banda sonora del ocultismo en sí, llevada a la vida por TRIPTYKON de manera sublime. Un trance psicótico que brilla con luz y personalidad propias. In The Sleep of Death nos prepara para otra buena ración de Doom Metal agónico, con paredes de sonido inquebrantables que gobiernan el vacío y nos arrastran a él. Hay cambios de intensidad, y no todo es distorsión, pero la sensación de angustia y depresión se mantiene por encima de todo, de nuevo con el doble asalto vocal marca de la casa. Black Snow, con más de 12 minutos, se destapa como el tema más largo. Doom oscuro, cavernoso, de espíritu blacker cobijado bajo afinaciones graves, acoples, y una batería llena de punch. Contamos de nuevo con bastante variedad vocal: voces casi habladas, los habituales gruñidos de Warrior y el acompañamiento gutural de V. Santura, más puntual que otras veces pero perceptible igual. La banda sonora de las pesadillas del hombre más enfermo, sobre todo a partir de la segunda mitad, así definiría el tema. Para el final se reservan Waiting, de nuevo con voz femenina, a cargo de A. Acanthus Gristle, que también colaboró en Eparistera Daimones. Juega mucho con esas voces recitadas, casi habladas, que aportan un plus tétrico, eso sí, sobre monolíticos riffs en clave Doom y alguna parte más relajada. Lejos de mis favoritas, pero aporta el enésimo plus de variedad que tanto aprecio.

 

Triptykon, Breathing (Melana Chasmata, 2014)

 

Si Eparistera Daimones ya rayaba un nivel alto, Malena Chasmata sube el nivel medio peldaño, con un disco monolítico, más retorcido, oscuro y variado que su predecesor. Una joya que brilla con luz propia, luz grisácea y tenue, pero brillante. Uno de los mejores discos de Metal del año y la confirmación de que TRIPTYKON son una de las bandas más en forma del panorama extremo con diferencia. Merece sus escuchas de rigor y mucha paciencia. 100% recomendable.

 

Texto: Pablo García

Ilustración: Andrés Miguel

 

 Escucha Melana Chasmata en Spotify:

 

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